15
Días
SALIDAS
29 mar al 10 abr 2026
Desde
8.200
€
/ por persona
2 plazas disponibles
A los pies del Himalaya, Bután resiste como un santuario. Este Viaje Fotográfico Bután nos acerca a un reino que eligió proteger su naturaleza, tradiciones y arquitectura como una declaración de principios.

Nuestro viaje fotográfico coincide con el Festival Tshechu, una celebración sagrada que llena los dzongs de máscaras, danzas y espiritualidad viva. Para el fotógrafo, es la ocasión de captar no solo el color y el gesto, sino el pulso invisible de una cultura intacta. Viajar a Bután no es hacer turismo: es cruzar el umbral de otro tiempo. Una oportunidad de detener el instante y fotografiar lo sagrado, lo sereno y lo esencial.
Salida hacia Kathmandú
Día 1 – Camino al Himalaya
Iniciamos el viaje dejando atrás lo familiar y volando hacia Katmandú, puerta del Himalaya. Una jornada de tránsito y preparación interior, donde comienza el ajuste del ojo fotográfico y la apertura al asombro.
Kathmandú
Día 2 – Primer contacto
Llegada a Katmandú y bienvenida con una khada blanca. Día para descansar, aclimatarse y comenzar a mirar con otros ojos. Primera toma de contacto con la ciudad y su atmósfera sagrada y caótica.
Kathmandú
Día 3 – Rostros de lo Sagrado
Recorremos Durbar Square, Swayambhunath y Patan. La espiritualidad nepalí se despliega entre templos, estatuas y devoción cotidiana. Un día para explorar lo simbólico, lo ancestral y lo humano a través del objetivo.
Kathmandú – Paro (vuelo) – Thimphú
Día 4 – En el corazón de Bután
El vuelo hacia Paro ofrece vistas del Himalaya y marca el ingreso a otro tiempo. Camino a Thimphu, cruzamos valles, templos y puentes sagrados. Primera inmersión en el pulso espiritual de Bután.
Thimphú
Día 5 – Caminos de compasión y mirada
Visita al Buda Dordenma, caminata entre bosques hasta Changangkha Lhakhang y exploración del mercado local. Un día de contrastes: monumentalidad y cotidianidad, oración y vida. La cámara busca lo humano y lo esencial.
Thimphú – Punakha
Día 6 – Donde nacen los valles
Ascenso al paso Dochu-la y sus 108 chortens, descenso al valle de Punakha y caminata al templo de Chimi Lhakhang. Transición entre solemnidad y fertilidad. Bután se abre en campos, leyendas y caminos de tierra.
Punakha
Día 7 – El eco de los ríos sagrados
Exploramos el Dzong de Punakha, cruzamos su puente colgante y visitamos el pueblo de Talo. Un día de historia, espiritualidad y vida rural, donde lo cotidiano revela su belleza y dignidad ante la cámara.
Punakha – Gangtey
Día 8 – El refugio de las grullas
Ruta por paisajes de bosques y montañas hasta el valle de Phobjikha. Paradas en Wangduephodrang y Rinchengang. Gangtey nos recibe con aire puro y horizontes amplios. Un día de transición hacia lo sereno.
Gangtey
Día 9 – El sendero de los espíritus
Visitamos el monasterio de Gangtey y caminamos por el sendero natural entre campos y aldeas. Por la tarde, el centro de las grullas nos conecta con la fragilidad de lo sagrado y lo cíclico.
Gangtey – Paro
Día 10 – Memoria y horizonte
Dejamos atrás los valles altos rumbo a Paro, tierra de símbolos y silencio. Día libre para pasear, observar y reposar el viaje vivido. Una jornada para dejar que la experiencia respire con calma.
Paro
Día 11 – Entre el Cielo y la Tierra
Visitamos el Museo Nacional y el Dzong de Rinpung, y ascendemos al Chele La, paso montañoso lleno de banderas de oración. Un día para contemplar el paisaje y la espiritualidad desde lo alto.
Festival Tshechu y ceremonia Thongdrol
Día 12 – La danza como plegaria
Participamos en el Tshechu de Paro: máscaras, danzas y devoción viva. Una experiencia única para fotografiar la cultura desde dentro. Por la tarde, paseo por el mercado y escenas urbanas llenas de autenticidad.
Paro
Día 13 – Donde habitan los Dioses
Ascenso al Monasterio del Nido del Tigre, entre acantilados y leyendas. Por la tarde, seguimos celebrando el Tshechu desde otra mirada. Último paseo por Paro: despedida serena de una tierra inolvidable.
Paro – Katmandú (vuelo)
Día 14 – El viaje continúa
Volamos de regreso a Katmandú. Día libre para descansar, pasear o repasar las imágenes del viaje. Una jornada para integrar la experiencia antes de volver a casa.
Katmandú – Vuelo de regreso
Día 15 – Volver con otros ojos
Traslado al aeropuerto y vuelo de regreso. Vuelven la rutina y el hogar, pero algo ha cambiado. Cada imagen tomada guarda la huella de un viaje que dejó marca en lo profundo.
Bután se extiende en el Himalaya oriental, en un territorio montañoso donde el paisaje y la espiritualidad condicionan el ritmo del viaje. Los desplazamientos por carretera requieren tiempo y atención, y forman parte esencial de la experiencia. Valles, bosques, pueblos y pasos de montaña se suceden siguiendo la lógica del relieve y de la vida cotidiana. Viajar por Bután implica adaptarse a una temporalidad pausada, observar con calma y aceptar la pausa como parte del movimiento y del propio camino.
Para viajar a Bután es necesario disponer de pasaporte en vigor con una validez mínima de seis meses y visado tramitado antes de la salida. Este proceso se gestiona a través de la agencia local autorizada y no requiere gestiones directas por parte del viajero. A la entrada pueden solicitarse pasaporte, visado y documentación del viaje, por lo que conviene llevarla accesible. El acceso al país incluye una tasa de desarrollo sostenible, gestionada junto con el resto de trámites y ya incluida en el viaje.
Antes del viaje se recomienda consultar en un centro de vacunación internacional. En Bután no hay vacunas obligatorias para viajeros europeos. Durante la estancia conviene mantener medidas básicas de higiene y respetar los ritmos del itinerario. Bután es un país seguro y el viaje incluye seguro de asistencia.
Bután presenta un clima condicionado por la altitud y la orografía montañosa, con variaciones según la región. El viaje se realiza a principios de abril, en un periodo de transición hacia la primavera, generalmente estable y agradable. Las temperaturas diurnas oscilan entre 15 °C y 22 °C, con descensos nocturnos. La reactivación del paisaje y el buen estado de los caminos favorecen un recorrido pausado y atento al entorno.
La moneda oficial de Bután es el ngultrum (BTN), con paridad con la rupia india. El uso de tarjetas es limitado y se recomienda llevar efectivo. Es posible cambiar euros o dólares en bancos autorizados. Los gastos personales suelen ser reducidos y las propinas, opcionales.
En Bután, el suministro eléctrico suele ser estable en alojamientos, aunque pueden producirse cortes puntuales, sobre todo en zonas rurales. El voltaje es de 220–240 V y se utilizan enchufes tipo D, F y G, por lo que se recomienda llevar adaptador universal. Es posible cargar dispositivos en los alojamientos, pero conviene planificarlo y llevar baterías extra.
Se recomienda llevar ropa cómoda y por capas, calzado resistente ya utilizado y equipaje no rígido. Es útil contar con protección solar, mochila diaria, linterna y adaptador eléctrico. En espacios religiosos se debe vestir de forma discreta, cubriendo hombros y piernas, como muestra de respeto cultural.
Fotografiar en Bután implica una aproximación consciente, donde la observación y la comprensión del contexto preceden a la imagen. La vida cotidiana, la espiritualidad y el paisaje forman un todo inseparable que requiere tiempo, atención y respeto. La fotografía de personas debe realizarse siempre con consentimiento, y en espacios rituales no siempre es apropiado fotografiar. Este viaje entiende la cámara como una herramienta de conocimiento, no como un fin. Viajar con esta actitud permite que las imágenes surjan de una relación auténtica con el territorio y sus habitantes, aceptando la pausa como parte del proceso.
El viaje por Bután sigue un ritmo pausado, marcado por la geografía montañosa y una forma de vivir el tiempo distinta. Los desplazamientos por carretera forman parte esencial de la experiencia y permiten observar el paisaje y la vida cotidiana. Las jornadas se organizan de manera sencilla, con pausas naturales que estructuran el día. El contacto con la población local se produce de forma gradual y respetuosa. Comprender y aceptar este ritmo favorece una relación más consciente con el territorio y da sentido al viaje más allá de los lugares visitados.

ALFONS RODRIGUEZ
Fotógrafo y Videógrafo Documental
Fotógrafo, documentalista y viajero incansable. Nacido en Barcelona, ha recorrido más de 120 países, capturando historias que revelan la belleza y los desafíos del mundo. Su trabajo ha sido publicado en medios como National Geographic y The New York Times, y expuesto en cuatro continentes. Autor de varios libros y director de documentales premiados, colabora con organizaciones como Naciones Unidas y Médicos Sin Fronteras. Su proyecto más reciente, The Melting Age, invita a reflexionar sobre la crisis climática a través de imágenes impactantes expuestas en ciudades de todo el mundo.
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