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En el Viaje Fotográfico a Cuba que hicimos en Noviembre de este 2019, coincidiendo con el 500 aniversario de La Habana, todo fue (como siempre) «sobre ruedas». Grandes vivencias, imágenes geniales y mucha diversión. Para hacerse a la idea de cómo fue ese viaje, aquí os dejamos un artículo que escribió Yolanda Andrés, una de nuestras viajeras, a quien agradecemos enormemente que haya compartido este viaje y este texto con nosotros.

 

7500 KILÓMETROS

Amanece en la Habana. Un gallo cercano despierta el día. Arranca la mañana envuelta en el olor de café tostado y jugo de guayaba. Las calles se desperezan, se escuchan los motores madrugadores de viejos Chevrolet paseando por el malecón.
Sus calles, aún dormidas, rezuman el rancio abolengo de su eterno pasado. Edificios altivos que sobreviven con dignidad y elegancia el paso de los años y la miseria.
Se viste Habana Vieja de incertidumbre y color. Las miradas se cruzan con curiosidad y entusiasmo de entablar conversación.
Habana inmensa de olas y barrios, donde la cultura y el arte conviven con santeras y religión. Fusión de razas y canciones. Emprendo un viaje en el tiempo a lo largo de esta isla fascinante y seductora.
La magia de Cuba se esconde en ojos profundos y sonrisas que atrapan entre las rejas de las ventanas. “Un extranjero con cámara”-grita Christian. Manitas curiosas enredan con los botones imposibles de la cámara de fotos.
La sorpresa de un caramelo y un globo rojo “A veee loooo…” y la magia de la imagen reflejada en sus pupilas es otro de los regalos del viaje.

Escucho el mar en las caracolas de las playas cercanas a Baracoa. Rafiel la arroja a la arena y me sonríe divertido. Le dejo en sus juegos y escucho su primeras palabras “quédate”, y convertida en niña jugamos a saltar las olas traviesas que persiguen nuestros pies. Es la tarde en Baracoa hecha de madera y salitre, de mestizaje y aroma a mar.

Me pierdo en la negra Santiago, el cariño que te tengo, no te lo puedo negar,… los acordes del maestro Compay son el regocijo de esta gris ciudad llena de música y baile.

Trinidad ciudad de viajeros y turistas. Bulliciosa. Las casas coloniales llenan de color sus calzadas empedradas. Se recorre a pie su laberinto de calles. Huele a tabaco. El humo invisible se cuela entre las cuerdas entrelazadas de la hamaca donde mis ojos cerrados sueñan.

Anochece, y mi mar me susurra el recuerdo de un tarro de manteca de cacao que hoy reposa en mi casa, su olor dulzón me trae a la memoria un día de playa con perfume de coco y sal. Al fondo, la luz de un faro me saluda. 7500km de Cuba multicolor. De caderas cimbreantes y gritos entre ventanas. De ron.

He sucumbido al hechizo de una tierra que envuelve y atrapa. He soñado con Cuba y quizás por ello, la última persona que conocí se llamaba Esperanza…

Yolanda Andrés
Noviembre, 2019

 

Os dejo algunas fotos del viaje: