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Viaje a los orígenes

Los pueblos ancestrales del Valle del Omo

 

Muchas personas interesadas en nuestro Viaje Fotográfico al sur de Etiopía nos preguntan sobre la precariedad con que se van a encontrar en su viaje. Les preocupa saber si van a disponer de electricidad para cargar sus baterías para la cámara o si van a poder ducharse todos los días.  Les inquieta quizás la falta de comodidad o el saber de antemano que van a salir “sí o sí” de su zona de confort. Y es, por supuesto, un sentimiento muy respetable sentirse inquieto por lo que va a acontecer cuando no se sabe “casi nada” del territorio que vas a visitar durante quince “largos” días.

En mi primer viaje al valle del Omo me poseyó el espíritu de antropóloga que aún hay en algún rincón de mi alma y me fui directa a la Biblioteca del Museo Etnológico de Barcelona para documentarme sobre algunas de las etnias que íbamos a visitar.  La sorpresa fue que no hay casi ningún texto sobre estas ellas y, si lo hay, es tan antiguo, tan superficial, que no consiguen explicar la realidad que están sufriendo en la actualidad.  Y sí… digo “sufriendo” porque la voluntad colonizadora a la que están permanentemente sometidos nos hace reflexionar ¡y mucho!. Mursis, Suris, Hamer, Dasanech y así hasta unas cuantas etnias (que no son pocas) ven como su vida nómada se ha convertido en seminómada, que las autoridades les insisten en vestirse para ocultar su desnudez pecaminosa y, a la que les ponen cerca una escuela y un dispensario, ya hay que empezar a preocuparse. Y es que, como siempre (el modelo del colonizador es siempre el mismo) les mantienen en la precariedad y así son más fácilmente manipulables.

Es en este punto en el que surge la problemática de la fotografía. Algunos viajeros se niegan a visitar estas etnias porque esta historia que se han montado de tener que pagar por todas y cada una de las imágenes que se toman, a ellos (a los viajeros digo) les incomoda. Es lícito y humano que semejante experiencia genere en el viajero cierta incomodidad pero, piensa querido viajero/fotógrafo que, en la actualidad, es la única herramienta que tienen para no vivir de forma tan precaria como lo harían si no se hubieran convertido en excelentes modelos a ser fotografiados y gracias a eso,  pueden seguir (en parte) con su estilo de vida. ¿Que cuando tu llegas al poblado los niños van vestidos con camiseta y, en el tiempo en que bajas de tu vehículo y das un paseo, ellos aparecen con sus ornamentos tradicionales y sus caras pintadas? pues sí, es la forma que tienen de sacarse un dinerito y compensar, de algún modo, la precariedad a la que los poderes fácticos los condenan poco a poco, día a día.

A veces aparecen con nidos en la cabeza a modo de sombrero y sabemos que jamás usaron ese tipo de ornamento. ¿Nos engañan para parecernos lo suficientemente atractivos y exóticos y conseguir unos ingresos? Sí, así es. En tu mano está, viajero, respetar la voluntad de cada uno y tomar conciencia de que ellos, igual que tú, hacen las cosas lo mejor que saben y pueden en todo momento.

Sólo el respeto y la humildad garantizarán el éxito de este intercambio cultural que sigue siendo uno de los más “auténticos” que, en este mundo globalizado nos podemos permitir.

Aquí os dejo un enlace al último reportaje (foto y textos) que nuestro amigo y colaborador Alfons Rodríguez ha publicado. En este reportaje nos explica de forma detallada y fiel a la realidad cuál es la problemática que están viviendo estas culturas ancestrales:

 

https://www.naiz.eus/eu/hemeroteca/7k/editions/7k_2019-01-20-06-00/hemeroteca_articles/etiopia-los-origenes-amenazados