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Cuando la fotografía es un regalo

Hace unos días pasó algo muy bonito que os quiero explicar.  Estamos de viaje fotográfico en Nicaragua y andábamos paseando por el mercado. Entre las personas que viajan con nosotros siempre hay alguien que, por su timidez o por el reto que suponen las relaciones humanas, es reticente y le cuesta acercarse a las personas para realizar un buen retrato o simplemente dejarse ver para trabajar la instantánea. Bueno pues, como os decía, paseábamos por el mercado de la ciudad de Granada y vi a un chico que le explicaba a una dependienta de la tienda de huevos que “había visto por ahí a una fotógrafa con una cámara que valía, al menos, 1500 dólares fotografiando a unas señoras que vendían flores”. Lo contaba con tanta pasión que me dió la impresión que lo explicaba enojado. Entones, me acerqué y le pregunté por su opinión sobre que andáramos por ahí fotografiando el mercado, pidiendo retratos, etc. Y, ¿sabéis qué me contestó? pues que le parecía un privilegio que gente de otros países se tomara tan en serio el tema fotográfico porque eso significaba que queríamos “llevarnos la esencia del país como recuerdo”. Sin comentarios ¿no?