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En un viaje debe parase el reloj. Un buen viaje es una sucesión de momentos presentes que nos aferran a la vida. Es, como dice Sebastián Álvarez  “la mejor forma de arañarle tiempo a la muerte”.

La fotografía es una prueba de nuestra memoria, una expresión de nuestras emociones y, por ende, la muestra más auténtica de esos pequeños momentos de vida.

Nos complace este trabajo que hace posible que se vivan los viajes como lo experiencias vitales inolvidables y por ello os compartimos este texto, acompañado de unas fotografías que ilustran nuestra última expedición fotográfica a Etiopía acompañados por Alfons Rodríguez.

 

“Arde el alma como arden las brasas de la hoguera donde las aguas de arroyo paren café. Ardor de vida, de maderos muriendo hasta evaporarse, muriendo a crujidos, transformando la piel en humo y vapores, llenando la habitación.
Arden las lenguas lejanas, los que arden desde el amanecer, los sin número y los pocos, los que se atreven a arder y los que callan ahogándose en sus propias llamas internas.
Arde el despuntar del alba y el insomnio entre los ojos, las noches en las que asoman las estrellas abriéndose paso entre el humo de los fuegos.
Arde el barro cada tarde, cada leño, cada intento, como arde el color ígneo de la piel morena. Arde sol, arde granos, arde tiempo y, en el crujir de la noche, arde vida y el espacio se llena de notas de café.”
Cynthia Calva
PÁGINA DEL VIAJE FOTOGRÁFICO ETIOPÍA