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Lilia y su mundo interior  © Raúl Moreno

 

Ya os habremos contado muchas veces cómo comenzó la aventura de organizar viajes a Chernobyl pero, si os parece lo recordamos de nuevo porque las cosas bonitas hay que recordarlas cuanto más mejor 😀

 

Empezamos a trabajar con este destino gracias a nuestro querido amigo y viajero Joan Dalmau. Él fue el que nos habló del potencial fotográfico de este lugar y nos pidió colaboración para organizar una escapada para él junto a Raúl Moreno (con quien ya trabajábamos desde hace un tiempo en Islandia). Así, gracias a Joan, fue cómo descubrimos este viaje y el gran interés que suscita este lugar no sólo por la posibilidad de fotografiar paisajes desolados, de ser testigo de lo que supuso una de las catástrofes más grandes de la historia, sino también por el potencial humano a todos los niveles de las gentes que habitan ese entorno. 

 

Hoy nos complace compartir con vosotros una entrevista a Raúl Moreno que Fisheye Magazine en Francia ha publicado recientemente. La hemos traducido pero, aquí tenéis también la entrevista original por si os apetece leerla directamente de la publicación: 

Entrevista en Inglés

Entrevista en Francés

 

Aquí va la traducción:

FISHEYE MAGAZINE FR.
ENTREVISTA RAÚL MORENO

 

– Podrías presentar brevemente tu trabajo y tu relación con la fotografía? 

Monólogo sobre Chernobyl es un ensayo documental sobre la soledad de una población frente al problema nuclear, sobre el abandono, sobre la alimentación y sobre la resignación. No es fácil vivir en Chernobyl, yo diría que más bien sobreviven.

La fotografía para mi no es solo una forma de expresión y de comunicación hacia los demás, es una forma de conocerme a mi mismo mirando mi interior a través de las historias que cuento. Me gusta volver al lugar y reencontrarme con las personas que he fotografiado. Siento que de esta manera mi fotografía tiene el valor que realmente debe de tener.

 

– Qué te empujó a embarcarte en este proyecto? Cual fue el punto de partida y la historia que querías contar? 

Fue a raíz de un documental que hablaba sobre esta región y sobre los liquidadores de Chernobyl. Al principio caí en tópicos, fotografíe de manera impersonal centrándome en cosas ya mil veces fotografiadas. Más tarde, mientras miraba una bolsa con manzanas procedentes de zona contaminada pensé… es ahí donde está el verdadero peligro, es la alimentación local la que los está haciendo enfermar ya que su escasez de recursos económicos les impide comprar alimentos limpios de radiación. Me centré en este aspecto y fotografié alimentos contaminados como si de retratos se tratara. También el libro “Voces de Chernobyl” (lo recomiendo a todo el mundo) de Svetlana Alexievich hizo que mi trabajo se viera enriquecido.

 

– Por qué esta región? Qué tiene de especial y por qué consideraste que debía ser inmortalizada en un proyecto fotográfico? 

Es una de las regiones más contaminadas del planeta. Después de este accidente nuclear los niveles de radiación en más de medio mundo se vieron afectados, sobre todo en Europa, donde a día de hoy aún existen zonas contaminadas. Es algo que no debemos olvidar y que no se puede volver a repetir. La fotografía tiene el poder de inmortalizar, de detener el tiempo y de hacernos reflexionar.

 

– Cuáles son los temas o los sujetos que te inspiran a la hora de hacer fotos o de crear un proyecto? 

Mi trabajo tiene principalmente relación con el ser humano y como se relaciona con el medio que le rodea. También tiene relación con el tiempo, la empatía, el compromiso.

 

– Alguna anécdota del proyecto que quisieras compartir? 

Recuerdo un día en casa de una pareja de ancianos que vivían en la zona de exclusión bielorrusa. Estuvimos charlando y haciendo algunas fotos, luego nos ofrecieron cenar con ellos y beber samogon (vodka casero). Mientras brindábamos dijeron que este samogon lo habían hecho el año del accidente de Chernobyl. Mi cara cambió por completo, pero ya no había marcha atrás. Reímos, que otra cosa podría hacer?

 

¿Cómo te sentiste cuando fuiste por primera vez a Chernobyl? Cómo te sentiste y te moviste allí?

La primera vez fue una sensación muy potente, la sensación de estar en un lugar marcado por la historia trágica. Después, esa sensación se convirtió en tristeza al ver como vivía la gente.

A lo largo de todos mis acercamientos y conforme he ido conociendo historias personales, he podido comprender todo un poco mejor. Es cierto que aún hoy siento tristeza por ellos al ver que tienen poco o nada que hacer por mejorar sus vidas pero les veo tan fuertes… muchos de ellos felices a pesar de todo. Esto les hace grandes, son unos supervivientes.

Me gusta ir solo, pero es cierto que eso lo hago ahora que conozco bien la zona y a mucha gente. He necesitado que me guíen y me traduzcan y aún lo hago. Ir con una persona local te abre puertas y te ahorra mucho tiempo.

 

Entraste en las casas de habitantes de la zona. ¿Cómo estableciste el contacto con ellos? ¿Se abrieron fácilmente? ¿Sentiste que se sentían extraños, ignorados, o al contrario halagados?

En la mayoría de ocasiones establecí contacto con ellos a través de mis amigos ucranianos y bielorrusos. Ellos me llevaban a sus casas a explicarles cuales eran mis ideas e intenciones con este proyecto. Son muy hospitalarios y enseguida sacaban comida y bebida. A los pocos minutos todo fluía. Se requiere de mucha empatía y poca prisa para trabajar con personas que viven situaciones complicadas. La frase más repetida por ellos hacía mi ha sido: “Gracias por acordarte de nosotros y de Chernobyl”. Es importante dar voz a quien no la tiene, escuchar.

 

¿Tenías relación previa con la región antes de realizar la serie, algún vinculo emocional/familiar o contactos allí?

No tenía ninguna relación previa. Había oído hablar de Chernobyl en numerosas ocasiones y me llamaba la atención pero nada me unía a este lugar. 

 

¿Puedes contarme la historia detrás de la foto de la niña con un vestido rojo? 

Bueno, este retrato es especial para mí. Llegué a un orfanato de la región de Gomel, al sur de Bielorrusia. El orfanato era principalmente para niños con enfermedades mentales (desde el accidente nuclear, estos trastornos en la población infantil se vieron incrementados). Cuando entré vi a una multitud de niños expectantes, curiosos, entre ellos estaba Lilia, una niña autista con vestido rojo aterciopelado, piel pálida y negros ojos que se perdían en la profundidad de su misterioso mundo interior. Me miraba y reía tímida pero cuando me acercaba, ella huía riendo. Dejé de prestarle atención para ver si así conseguía que se acercara, mientras fotografiaba a otros niños. Evidentemente era ella la que más me interesaba. Finalmente, y después de algunas horas en el orfanato ella se acercó tímidamente y comprendí que ya estaba preparada. La fotografié con mucha tranquilidad, quería que estuviera tranquila, que fuera ella misma mientras intentaba inmortalizarla de manera digna. A día de hoy aún sigo pensando que es el mejor retrato que he hecho. Puedo mirar esta foto durante mucho tiempo mientras intento averiguar que puede pasar por su mente. Cómo estará? Dónde? Muchas veces me planteo volver al orfanato para saber.

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Si te apetece acompañar a Raúl Moreno en su nuevo viaje a Chernobyl aún estás a tiempo pero, debes darte prisa porque las fechas se acercan. Cumplimenta el formulario que encontrarás en el siguiente enlace y descárgate la información completa.

Viaje Fotográfico Chernobyl

 

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